Martín Guzmán, en la previa de un viaje clave

El titular del Palacio de Hacienda estará toda la semana en Washington, luego de un fin de semana de Pascuas en la que trabajó con su equipo en Chapadmalal

Economía 18 de abril de 2022
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Suena a paradoja, pero en medio del salto inflacionario más importante de los últimos 20 años y con una crisis energética en ciernes, el ministro de Economía, Martín Guzmán, parece haber encontrado algo de calma en los últimos días.

Es que, a pesar de los rumores permanentes sobre su salida del gabinete de Alberto Fernández y en un contexto de lluvia de dardos envenenados que caen desde todos los flancos, pero con mayor ferocidad desde el cristinismo, el ministro parece disfrutar de cierto sosiego, tanto que pasó buena parte del fin de semana de Pascuas con su equipo, en una suerte de “retiro” de trabajo en Chapadmalal.

El Presidente –con quien habló este fin de semana, como es habitual, y con quien volverá a hablar hoy– lo confirma en su cargo casi a diario y las metas del acuerdo con el FMI, seguramente el mayor logro de su gestión, van a tardar algunos meses en ser escrutadas, más allá de que ambas partes saben que ya quedaron viejas.

El fin de semana largo en la costa, mientras preparaba la valija para su viaje a Washington, donde participará de la reunión de primavera FMI-Banco Mundial (preparación de la Asamblea Anual conjunta de ambos organismos, que se realiza en octubre), Guzmán siguió con su agenda de distribución del ingreso y cobrar por “renta inesperada”, algo que generó críticas en el campo y otros sectores, para pagar algún tipo de ayuda social, al estilo IFE.

Además, dio un paso adelante en un tema clave, la realización de la Audiencia Pública sobre tarifas, convocada por el secretario de Energía, Darío Martínez. En definitiva, Guzmán está decidido a aplicar rajatabla lo que dijo en una entrevista por TV: “gestionaremos con la gente que esté alineada con este rumbo económico”.

En medio de esta tensa calma, Guzmán viajará esta noche a la reunión del Fondo y el Banco Mundial en Washington, que gana relevancia por el contexto: si bien será un plenario de ministros y titulares de bancos centrales, no de jefes de Estado, sobrevuela la idea de EEUU de sacar a Rusia de la mesa del G20 por la invasión a Ucrania, o, al menos, discutir nuevas sanciones. La expulsión no parece posible, por la presencia de China y otros países, pero la sola idea suma expectativa al encuentro.

Guzmán viajará con dos de sus funcionarios Raúl Rigo (Hacienda) y Ramiro Tosi (Financiamiento), y otros asesores. También asistirá, más avanzada la semana, Gustavo Béliz, secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia, con foco en financiamiento externo y reuniones en el Banco Mundial y el BID –el organismo que buscó presidir si éxito, al menos hasta ahora–, entre otras. A pesar de que estaba confirmada su presencia, el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, decidió bajarse del avión en las últimas horas y encender el Zoom. Esta reunión del Fondo tiene un formato híbrido y buena parte de los encuentros podrán seguirse de manera virtual. Con todo, aún no está confirmado si habrá bilateral entre Guzmán y la economista búlgara que comanda el FMI, aunque se descartan reuniones técnicas con parte de la comitiva y las segundas líneas del organismo, como viene ocurriendo semanalmente.

“Martín prefiere estar. Es importante porque verá a Georgieva y porque es un viaje sin mayores riesgos. Es la primera vez que va y está todo ya arreglado … allá. Acá, claro, quedan los dos temas locales que lo ocupan: energía e inflación”, dicen en su entorno y aclaran que son sus focos desde siempre, no sólo desde ahora.

En Economía descuentan que las dos primeras revisiones de un acuerdo con el Fondo que parece haber nacido para incumplirse, y mucho más luego de la invasión rusa, serán superadas. Calculadora en mano, aseguran que “estará ok” lo estipulado en términos de reducción de déficit y acumulación de reservas, al menos para la primera mitad de 2022... sin el impacto de la guerra y con el aporte que hizo el organismo. Por eso no hay mayores preocupaciones por la revisión de septiembre. También afirman que “está todo bien” con un incumplimiento precoz de Argentina: el país no llegó a tener un Presupuesto aprobado para el 15 de abril, el pasado viernes, como se había acordado. En el Gobierno descuentan que es una demora aceptada, no un incumplimiento y hablan de un programa de facilidades extendidas que será de “recalibración permanente”.

Días atrás, Roberto Feletti, secretario de Comercio, le echó la culpa de la inflación a Guzmán y advirtió que “esto se va a poner feo”. El ministro le respondió diciendo que Fernández gestionará con los que estén alineados al programa económico. Desde entonces recrudecieron los rumores sobre recambios en el gabinete. Lo cierto es que, más allá de su viaje a Brasil y de la convocatoria a audiencias públicas, desde Economía no hubo otros anuncios energéticos. Tampoco vinculados al control de la inflación. Además de Feletti, otro que se le “animó” a Guzmán es un funcionario nuevo, el secretario de Agricultura, quien asumió recién en enero pasado. Guzmán reconoció que está en estudio la puesta en marcha de un mecanismo para “redistribuir la renta inesperada” y Matías Lestani lo cruzó diciendo que “el sector agrícola no pudo capitalizar el concepto de renta inesperada”. Hoy, el jefe de Lestani también defendió al campo.

Los números del Fondo y el crédito verde

La semana pasada el FMI aprobó la creación de un nuevo mecanismo para ayudar a los países de ingresos bajos y medios vulnerables a enfrentar desafíos a más largo plazo, como el cambio climático y las pandemias. Se trata del Fideicomiso de Resiliencia y Sostenibilidad, entrará en vigencia en mayo y será de unos 45.000 millones de dólares. A Argentina le tocarían “apenas” USD 1.300 millones.

 

La idea suena mucho a una de las banderas de Martín Guzmán. En medio de muchas críticas y con un margen de acción muy acotado, el ministro encaró la negociación formal con el FMI, a mediados de 2021, con dos metas: la reducción de sobrecargos de los préstamos –por los que el Gobierno dice que paga extras de hasta USD 1.000 millones por año– y la inclusión en el nuevo programa de una cláusula para “saltar” a un nuevo esquema si el Fondo lo creaba por fuera de las alternativas de los conocidos hoy, stand-by o facilidades extendidas. Para muchos fue algo de pirotecnia para dejar tranquilo a una parte de la coalición. Nada de eso pasó: no se sacaron los sobrecargos y no hubo adenda alguna en el nuevo programa. Es más, en la carta de intención del acuerdo, Guzmán le pidió a Georgieva, casi como un favor, que tenga a la Argentina en cuenta para este eventual nuevo esquema.

El ministro cree que lo aprobado lleva la impronta de su reclamo, la metodología por la que hizo lobby junto a otros países, como México, pero que se trata sólo de una primera etapa, limitada en dinero y alcance. “Tiene tasas favorables y es a 20 años, pero no es lo que necesita Argentina porque es poca financiación. Quizás en algún momento puede diseñarse un programa con ese tono”, se esperanzan en Economía y recuerdan que no habrá desembolsos por parte del país por cuatro años y medio. “Hay tiempo para volver a la carga con ese lobby”, dijeron.

Mientras tanto, el FMI dice que el mundo crecerá menos, incluso por debajo del 4,4% pronosticado a comienzos de este año. El martes, en el marco del evento en Washington, presentará sus nuevas previsiones económicas, en un contexto bélico de alza de los precios de los alimentos y la energía. Georgieva ya adelantó que rebajará las perspectivas de crecimiento para 143 economías que representan el 86% de la producción económica mundial, pero señaló que la mayoría de los países mantendrán un crecimiento positivo.

Este fin de semana, el ministro volvió de la costa y se comunicó con el Presidente, como hace a diario casi desde que asumió. Hablaron del plan de acción en Washington y de otros aspectos de la estrategia local que Guzmán monitoreará desde DC.

“Martín está bastante tranquilo, siempre dentro del tembladeral”, resumen en Hacienda. Pero se tiene que subir a un avión y estar una semana fuera del país. Parece mucho para la velocidad con la que se suceden los hechos en la Argentina.