Coronavirus: una nueva vacuna argentina en carrera

Fue desarrollada por investigadores del Conicet y del Instituto Leloir. Será de una sola dosis y apta para combatir las diversas variantes. Todos los detalles según Osvaldo Podhajcer, el investigador que coordina el proyecto.

Salud 02 de junio de 2021
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Un equipo científico conformado por investigadores del Conicet y del Instituto Leloir desarrolló un candidato vacunal que, en estudios con animales, generó una “fuerte respuesta inmune”. Se trata de una vacuna de “segunda generación”, cuya originalidad radica en que buscará ser efectiva contra el Sars CoV-2 con tan solo una dosis. En los próximos meses se buscará avanzar hacia los ensayos clínicos para demostrar su seguridad y eficacia en seres humanos. Vale destacar que el proyecto surge como producto de la colaboración público-privada con la empresa biotecnológica Vaxinz.


“En marzo de 2020 empezamos a diseñar el proyecto y en mayo comenzamos a trabajar de manera sostenida. Desde ese momento, ya sabíamos que debía ser una vacuna de única dosis y con una inmunidad a largo plazo. En noviembre, con la emergencia de nuevas variantes, decidimos que nuestra opción también fuera capaz de demostrar eficacia frente a todas las que tienen transmisión comunitaria en la región”, señala Osvaldo Podhajcer, coordinador del proyecto y jefe del Laboratorio de Terapia Molecular y Celular del Instituto Leloir. Luego completa: “Es una tecnología diseñada para Latinoamérica, así como también para continentes que están sufriendo la inequidad en cuanto al acceso. Responde a las necesidades de nuestros países, en vías de desarrollo: la idea es que se suministre fácil a través de una sola inoculación para reducir la producción masiva a la mitad y que pueda ser almacenada en cualquier lugar sin demasiados requisitos”, sostiene el Investigador del Conicet.

 

Ensayos preclínicos
Se denomina vacuna “de segunda generación” por una cuestión temporal, es decir, la tecnología argentina es fabricada en una etapa posterior y a diferencia de la primera (aquellas que ya se están aplicando en todo el mundo) su diseño no se basa en la proteína Spike (S) aislada originalmente en Wuhan. En las pruebas preclínicas los resultados de la opción de bandera fueron muy alentadores. De hecho, el 100% de los roedores inoculados generaron defensas contra el Sars CoV-2. Y, asimismo, los científicos a cargo pudieron comprobar que se mantienen en el organismo sin decaer durante cinco meses. Además de los anticuerpos, la fórmula despertó inmunidad celular que, a diferencia de los primeros, perduran por largo plazo en el organismo y conforman un “pool de memoria”. “A contramano de lo que la mayoría de los laboratorios hacen, seguimos la evolución de los animales durante cinco meses para poder comprobar su inmunidad duradera y observamos que las defensas no bajan con el paso del tiempo”, asegura Podhajcer.

La sustancia está basada en vectores adenovirales híbridos, con rasgos similares a otras que en el presente ya están siendo suministradas. “La fórmula tiene algo que ver con la Sputnik, con la Janssen y la de CanSino. Utiliza un adenovirus humano compuesto a partir de dos o tres virus, a diferencia de la de AstraZeneca, que actúa a partir de un virus de chimpancé”, comenta el científico. En la actualidad, ya inició el proceso de “buenas prácticas de manufactura” con una empresa farmacéutica local y su elaboración está cumpliendo con todos los pasos estipulados para su posterior fabricación.

El equipo comandado por Podhajcer no es emergente ni mucho menos improvisado: suma décadas de aportes vinculados al cáncer y experiencia en la elaboración de vacunas experimentales para el Virus del Papiloma Humano. Como los especialistas suelen mencionar en el campo de la ciencia básica: nunca se sabe cuándo los avances en un campo (cáncer) pueden ser aplicados en otra área disciplinar (virus). Por este motivo es que más allá de la pandemia, la ciencia y la tecnología deben ser financiadas.

Próximos pasos
Tras concluir los ensayos preclínicos, el horizonte estará en avanzar con velocidad hacia las pruebas de eficacia y seguridad en voluntarios humanos. Desde aquí es que resulta fundamental el acuerdo con Vaxinz. Desde esta perspectiva lo plantea el referente del proyecto: “Esta empresa licenció los derechos de Conicet y de Leloir, y se encarga de articular los acuerdos con organizaciones y otros privados para llevar adelante todo lo que sigue. Nuestro objetivo es iniciar los ensayos clínicos hacia fin de año”.

Será clave, a partir del panorama actual, la producción de una tecnología que pueda calibrarse frente a la aparición y circulación comunitaria de nuevas variantes de interés epidemiológico, como puede ser la de Reino Unido, la de Manaos, pero también la de India. En efecto, existe un acuerdo con la Escuela Paulista de Medicina de la Universidad Federal de San Pablo y con el Laboratorio de Estudios en Virología y Patogenia Viral de la misma institución para analizar la eficacia de la vacuna frente a las diferentes cepas del Sars CoV-2.

Esta nueva opción elaborada por el Conicet y el Instituto Leloir se suma a la que desarrollan otros grupos científicos argentinos en la Universidad Nacional de San Martín (liderados por la investigadora del Conicet Juliana Cassataro) por un lado y de la Universidad Nacional de La Plata (encabezado por Omar Azzaroni y Guillermo Docena) por otro. En ambos casos, las universidades llevan adelante conversaciones con farmacéuticas locales (con capacidad para la producción de vacunas) con el propósito de continuar hacia la siguiente fase de ensayos clínicos. La asesora presidencial Cecilia Nicolini anticipó este martes que el año próximo “Argentina podría contar con una vacuna diseñada, desarrollada y producida en el país”. Disponer de soberanía tecnológica parece ser el rumbo de la estrategia sanitaria autóctona de cara a 2022.

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