Nazarena Vélez contó cuál fue el peor momento en su adicción a las anfetaminas: “Yo sabía que me estaba matando”

En una entrevista con Gastón Pauls para Seres Libres (Crónica TV) dijo que empezó “a los 14 años a tomar diuréticos y laxantes”

Esectáculos 28 de abril de 2021
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“Creo que no se habla tanto como se debería de las anfetaminas”, disparó Nazarena Vélez en el comienzo de una charla profunda con Gastón Pauls en Seres Libres (Crónica TV), ciclo que pone sobre el tapete y sin eufemismos el infierno de las adicciones. “Me parece que es una droga super fuerte, que de verdad mata muchísimo y no se habla. Quizás, seguramente, tiene que ver con que a las mujeres nos da vergüenza decir: ‘¿Sabés que tomo o tomé pastillas para adelgazar?’. Como que cuesta. Yo compraba con una receta, en una farmacia”, agregó para introducir su fuerte relato.

“Empecé a los 14 años a tomar diuréticos y laxantes. Siempre fui gordita. Y no me olvido de frases tipo: ‘¡Qué linda que es Nazarena! Lástima que es gordita...’. O escuchar: ‘Qué linda, qué amorosa... lástima no se va a casar porque es gordita. El ‘ser gordita’, para mí, era una mala palabra. yo prefería cualquier cosa menos ser gordita”, recordó Nazarena.

 
 
Para Vélez, la importancia de no ‘ser gordita’ comenzó a tallar en lo económico: “Pegué como un estirón. Y empecé en el mundo de la publicidad y la televisión por una necesidad económica: yo quería guita. Para mí esto siempre fue una salida económica y de laburo”.

“Cuando quedé para mi primera publicidad, me dijeron: ‘Divina’. Era un miércoles, para una publicidad alemana y se grababa un sábado. Pero me dijeron: ‘Tenés que pesar 3 kilos menos’. De un miércoles a un sábado. Hice cualquier pavada, no quería perder la plata: tomé laxantes y diuréticos. Y me di cuenta de que llegue tres kilos menos, pero deshidratada, arruinada...”, contó sobre su primera vez, que terminaría volviéndose una rutina: “Nunca más dejé de tomar, hasta que tuve 35 años. Hace once años que dejé”, dijo.

“Cuanto más flaca estuve, más trabajo tuve. Para mí, que esto siempre fue un medio para criar a mis hijos y todo... Yo decía: ‘Listo, ya está...’. Yo sabía que me estaba matando porque empecé con dos pastillas y terminé con 30 por día... Y más también. (...) Tomaba anfetaminas, cócteles en los que me metían rivotril para bajarme, otra me subía, otra me aceleraba el metabolismo...”, describió Nazarena los niveles su adicción, aplicados a su trabajo.

“Yo me daba cuenta de que la estaba recontra cagando, pero me gustaba el resultado. Yo tomé noción de eso cuando me estuve por morir”, dijo sobre el círculo vicioso en que el entró, hasta llegar a su punto de quiebre: “Me pegué una sobredosis de pastillas. Me acuerdo que me había ido a comprar una hamburguesa y cuando salí de comérmela, me dije: ‘¿Esto cómo se equipará? Con muchas más pastillas’. Me fui a la cama y el corazón me explotaba, sentía que tenía bichos en el cuerpo. Estaba en la cama, inmovilizada y sentía bichos en el cuerpo. Fue el 16 de noviembre de 2008”, recordó.

La primera reacción que tuvo Nazarena en ese momento fue llamar a su mamá, “que vive en Puerto Madryn. No me podía mover de la cama, dije: ‘Me muero’. Nunca me había pasado algo así, de sentir la muerte. Pero esa vez sí. Mi cabeza iba y mi cuerpo no reaccionaba. Pensaba: ‘Tengo que llamar a mi mamá, Barbarita va a venir del colegio’. Cuando me volvió a funcionar el cuerpo, con toda la vergüenza del mundo llamé a mi mamá y le pedí que viniera. Ahí decidí contar toda la verdad, que hacia décadas que tomaba”.

La actriz contó que, antes de eso, jamás había hablado antes de sus adicciones y que cuando le preguntaban por las pastillas que tomaba, decía que eran “para las migrañas, los dolores de cabeza. Siempre mentí porque me daba vergüenza”.

“Yo estaba protagonizando una comedia con Moria Casán en Carlos Paz y todos los móviles de televisión estaban viendo cuántos kilos había engordado. Fue tremendo. Yo estaba luchando por dejar las pastillas y todo el mundo estaba diciendo cuan gorda estaba. A nivel público, fue lo peor que me pasó”, contó sobre el dolor que le causó que se mediatizara su recuperación, con altibajos.

También contó que con la muerte de su marido Fabián Rodríguez comenzó con otra adicción: “Cuando falleció Fabián, me quedé sola y perdí todo, todos los días tenía ataques de llanto y empecé a tomar alcohol. Podía llegar a consumir 4 o 5 litros por noche”, contó.

“Todo el tiempo tengo tentaciones y todo el tiempo me tengo que estar recordando que no me quiero morir. Tengo una personalidad que atenta varias veces contra mí”, cerró Naza.

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